Había una vez un árbol…

Había una vez un árbol en el bosque que se sentía muy triste y solitario porque su tronco estaba hueco y su cabeza se perdía en la bruma.

A veces la bruma parecía tan espesa que su cabeza se sentía dividida del tronco.
A los demás árboles les parecía bastante fuerte, pero algo distante, pues el viento nunca dirigía sus ramas hacia ellos.

Tenía la impresión que, de doblarse, se rompería; y sin embargo, estaba muy cansado de permanecer erecto.

Así, fue un alivio que una poderosa tormenta lo tirara al suelo. El árbol quedó partido. Sus ramas se desparramaron, sus raíces quedaron arrancadas y su corteza calcinada y ennegrecida.

Se sintió aturdido, y aunque su cabeza se había librado de la bruma, notó que la savia se secaba cuando el hueco del tronco se abrió al cielo y reveló su muerte.

Los demás árboles miraron hacia abajo y suspiraron, sin saber si apartar sus ramas amablemente o tratar de cubrir su vacío y negrura con su verde y su marrón.

El árbol gemía por su propia vida y temía que los otros le asfixiaran. Sintió que quería yacer desnudo y abierto al viento, y a la lluvia, y al sol, y que en algún momento volvería a crecer, pletórico y marrón, desde el suelo.

Sucedió que con la humedad de la lluvia echó nuevas raíces, y con el calor del sol forjó nueva madera.

Con el viento sus ramas se inclinaron hacia los otros árboles. Y al murmullo de sus hojas en la penumbra y en la luz, el árbol se sintió amado y rió, lleno de vida.

(“El árbol hueco”, relato escrito por Mary Barnes, interna en el Hospital Kingsley Hall para enfermos mentales, en Londres).

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Teilhard de Chardin explicó mejor que nadie las diferencias entre religión y espiritualidad

Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) fue un sacerdote jesuita, teólogo, filósofo y paleontólogo francés. Dos de sus principales obras, “El medio divino” y “El fenómeno humano”, me marcaron profundamente durante mis años de estudios en el seminario. La obra de Teilhard, en la que se unifican ciencia, teología y mística, influyó, posiblemente, en mi decisión de no ordenarme sacerdote, cuando apenas faltaban seis meses para recibir la tonsura, porque entre otras cosas yo tampoco aceptaba determinados dogmas e imposiciones.

Los libros de Teilhard fueron prohibidos por la Iglesia Católica, “por sus erróneos conceptos teológicos, que inciden en un panteísmo contrario al dogma católico”. En diciembre de 1957, el Santo Oficio (Inquisición), siendo Papa Juan XXIII, decretó que los libros del padre Teilhard de Chardin debían ser retirados de las bibliotecas de los seminarios y de las instituciones religiosas y que no debían ser puestos a la venta en librerías católicas; incluso, que no era lícito traducirlos a otras lenguas. Esta prohibición -todavía en vigor- fue acatada en vida por el jesuita, que dejó de publicar lo que escribía, pero dejó instrucciones para que sus obras se editasen a su muerte, a fin de evitar cualquier censura.

Así vio Teilhard las diferencias entre religión y espiritualidad. Coincido prácticamente al 100% con este pensamiento:

La religión (como institución) no es sólo una, hay cientos.
La espiritualidad es sólo una.

La religión es para los que duermen.
La espiritualidad es para los que están despiertos.

La religión es para aquellos que necesitan que alguien les diga qué hacer y quieren ser guiados.
La espiritualidad es para aquellos que prestan atención a su voz interior.

La religión tiene un conjunto de reglas dogmáticas.
La espiritualidad invita a razonar sobre todo, a cuestionar todo.

La religión amenaza y asusta.
La espiritualidad da paz interior.

La religión habla de pecado y culpa.
La espiritualidad dice “aprended del error”.

La religión reprime todo, en algunos casos es falsa.
La espiritualidad trasciende todo, te hace realidad.

La religión no es Dios.
La espiritualidad es todo y, por tanto, es Dios.

La religión inventa.
La espiritualidad encuentra.

La religión no pide ninguna pregunta.
La espiritualidad cuestiona todo.

La religión es humana, es una organización con reglas.
La espiritualidad es Divina, sin reglas.

La religión es la causa de las divisiones.
La espiritualidad es la causa de la Unión.

La religión sigue los preceptos de un libro sagrado.
La espiritualidad busca lo sagrado en todos los libros.

La religión se alimenta del miedo.
La espiritualidad se alimenta de la confianza y la Fe.

La religión está viviendo en el pensamiento.
La espiritualidad es vivir en la conciencia .

La religión se ocupa de hacer.
La espiritualidad tiene que ver con el ser.

La religión se alimenta el ego.
La espiritualidad nos hace trascender.

La religión nos hace renunciar al mundo.
La espiritualidad nos hace vivir en Dios.

La religión es el culto.
La espiritualidad es la meditación.

La religión crea sueños de gloria y el paraíso.
La espiritualidad nos hace vivir la gloria y el paraíso aquí y ahora.

La religión vive en el pasado y en el futuro.
La espiritualidad vive en el presente.

La religión enclaustra nuestra memoria.
La espiritualidad libera nuestra conciencia.

La religión cree en la vida eterna.
La espiritualidad nos hace conscientes de la vida eterna.

La religión promete después de la muerte.
La espiritualidad es encontrar a Dios en nuestro interior durante toda la vida.

“No somos seres humanos que pasan por una experiencia espiritual. Somos seres espirituales que pasan por una experiencia humana”.

El desaliento

Cierta vez se corrió la voz de que el diablo se retiraba de sus oficios y vendía sus herramientas en una subasta.

En la noche de la venta, estaban todas las herramientas dispuestas en forma que llamaran la atención, y por cierto era un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, engaño, además de otros implementos del Mal.

Pero un tanto apartado del resto, había un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, como si se hubiese usado muchísimas veces y cuyo precio, sin embargo, era el más alto de todos. Alguien le preguntó al diablo cual era el nombre de la herramienta.

-“Desaliento” -fue la respuesta.

-¿Y por qué su precio es tan alto? -le preguntaron también.

-“Porque ese instrumento -respondió el diablo- me es más útil que cualquier otro. Con él, puedo entrar en la conciencia de un ser humano cuando todos los demás me fallan, y una vez dentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoje. Está muy gastado porque lo uso casi con todo el mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece, puedo abusar de él”.

El precio de desaliento era tan, pero tan alto, que aún sigue siendo propiedad del diablo.

El desaliento es uno de los estados de ánimo con el que el diablo se fortalece.

Nos desalentamos con la situación económica, con nuestro trabajo, con nuestra familia, con la necesidad de cambio, con los grupos, con el engaño, con la mentira, con el desamor…

Por eso, debemos mantenernos siempre alerta contra el desaliento. Y cuando haya un tropezón o una caída, nunca hay que entregarse: porque después de cada fallo, de cada error, de cada caída o de cada mal momento, siempre podemos empezar otra vez, y desde un punto más alto.

Dios esté

Dios esté en mi cabeza, y en mi entendimiento,
Dios esté en mis ojos y en mi mirada,
Dios esté en mi boca y en mis palabras,
Dios esté en mi lengua y en mi gusto,
Dios esté en mis labios y en mi saludo.

Dios esté en mi nariz y en mi olfato y mi inspiración,
Dios esté en mis oídos y en mi audición,
Dios esté en mi cuello y en mi humildad,
Dios esté en mis hombros y en mi porte,
Dios esté en mi espalda y en mi postura.

Dios esté en mis brazos y en mi dar y recibir,
Dios esté en mis manos y en mi trabajo,
Dios esté en mis piernas y en mi caminar,
Dios esté en mis pies y en mi firme conexión,
Dios esté en mis articulaciones y en mis relaciones.

Dios esté en mis entrañas y en mis sentimientos,
Dios esté en mis intestinos y en mi perdonar,
Dios esté en mi talle y en mis movimientos,
Dios esté en mis pulmones y en mi respiración,
Dios esté en mi corazón y en mis afectos.

Dios esté en mi piel y en mi tacto y mis caricias,
Dios esté en mi carne y en mis penas y suspiros,
Dios esté en mi sangre y en mi vivir,
Dios esté en mis huesos y en mi morir,
Dios esté en mi final y en mi revivir.

(Oración tradicional del reverendo Jim Cotter, de su libro Prayer at Night)

¿Qué sucedió cuando Jesús bajó a los infiernos?

¿Qué sucedió cuando Jesús bajó a los Infiernos, el Sábado Santo, antes de su Resurrección? ¿Dónde fue Cristo después de su muerte y antes de que se levantara el domingo de Pascua? Tanto la Escritura como la Tradición responden a esta pregunta. Santo Tomás dice que descendió a los infiernos. Y fue a liberar a los justos aplicándoles los frutos de la Redención.

En el Credo de los Apóstoles proclamamos que Cristo “descendió a los infiernos”. Este Credo, formulado en el siglo V, se refiere al descenso del alma de Cristo, ya separada del cuerpo por la muerte, al lugar que también se llama “sheol” o “hades”.

El Cuarto Concilio Lateranense, en el 1215, definió esta doctrina de Fe. En este caso “infierno” no se refiere sólo al lugar de los condenados. Sino que es el lugar de espera de las almas de los justos de la era pre-cristiana.

De modo que el término infierno supone el limbo (los purificados que estaban esperando para ir al cielo) y el purgatorio (las almas que se salvaron pero que está purificándose). Entre la multitud de justos allí esperando la salvación, estaba San José, los patriarcas y los profetas, como todos aquellos que murieron en paz con Dios. Todos necesitaban, como nosotros, la salvación de Cristo para poder ir al cielo.

JESÚS DESCENDIÓ AL LIMBO, AL PURGATORIO Y AL INFIERNO

Después que el alma de Jesucristo de apartarse de su cuerpo en su muerte en la Cruz, Jesús visitó tres lugares, uno tras otro: el limbo, el purgatorio y el infierno.

En la fórmula en el Credo, “descendió a los infiernos”, se utiliza el término “infierno” en el sentido general de lugares en la otra vida que no son el Cielo.

Esta fórmula se deduce de la ambigüedad que presenta el infierno en el Antiguo Testamento, ya que los Judíos no tenían conocimiento explícito del limbo y el purgatorio, y su comprensión de la otra vida era limitada. Pero la verdad de estos tres lugares, sin embargo, es implícita en las Escrituras del Antiguo Testamento.

En el limbo, Jesús visitó a las almas de los que murieron en un estado de gracia antes de la muerte salvífica del Señor. Y que habían terminado su tiempo de purificación en el Purgatorio, en la medida en que esto fuera justo y necesario en cada caso. Esperaron en el limbo por Cristo para abrir las puertas del cielo por su muerte salvadora en la cruz.

Las almas en el limbo incluyen Judíos, así como los no-Judíos, siempre y cuando ellos hubieran muerto en estado de gracia y completaron su tiempo en el Purgatorio (si hubiera sido necesario).

Para los más devotos entre los Judíos, fue necesario menos tiempo en el Purgatorio, ya que tenían un amor explícito, la fe y la esperanza en el Dios único y verdadero. Y en algunos tal vez hayan sido enviados por Dios directamente al limbo.

Sin embargo, los no-Judíos, que murieron antes de Cristo, sabían de Dios sólo indirectamente y de manera muy imperfecta, por lo verdades que podían percibir, sentir y pensar, sólo por la razón o de las religiones paganas muy deficientemente. Así que los no-Judios serían más propensos a pasar más tiempo en el Purgatorio, y tenían menos probabilidades de ir directamente al limbo.

Tanto en el limbo como el purgatorio, Jesús enseñó las almas, de modo que ahora tendrían conocimiento explícito de su Dios Salvador, al que previamente conocían, de una manera u otra, solamente de manera limitada. De esta manera, las almas que entraron en el cielo, después de un tiempo en el Purgatorio y / o el Limbo, conocieron y amaron a Cristo de manera explícita.

Entraron en el estado de gracia en esta vida por un bautismo de deseo o de sangre, ya que vivieron antes de la creación del Sacramento del Bautismo. Ellos fueron verdaderamente salvos por Cristo, aunque de manera oculta.

Siguiendo el recorrido, no hay nada que impidiera a Jesús visitar incluso el mismo infierno en alma. Porque así como Dios, Él es el director de la prisión llamado Infierno. Un guardia puede visitar su propia prisión sin sufrir detención o castigo. De hecho, es apropiado para un guardián visitar la prisión sobre la que ejerce su autoridad.

A las almas réprobas en el Infierno se les dio justamente el conocimiento de que, al momento de cometer el pecado mortal y obtener la condenación final, pecaron contra un Dios tan amoroso y misericordioso, que se convirtió en hombre con el fin de ofrecerles el perdón y la salvación.

Sin embargo puede haber una diferencia importante entre las visitas del Señor al Limbo y al Purgatorio, en comparación con el Infierno. Porque en el Limbo y el Purgatorio, visitó a cada alma individual, cara a cara, y los iluminó con su gracia, de modo que ahora estuvieran completamente listos para entrar en el cielo.

Pero en el Infierno visitó a todo el grupo de almas y demonios malditos, no de forma individual y no con el fin de otorgar alguna gracia, sino como un líder de pie delante y por encima de una multitud. De manera que ellos supieran plenamente por lo que fueron condenados al castigo eterno, porque se negaron obstinadamente las abundantes gracias y misericordias que les ofrecía Dios.

Los demonios y las almas réprobas en el Infierno se vieron obligados por el poder de Dios y por su gracia a reconocer que Jesús es Dios hecho hombre (Filipenses 2: 9-11).

LA VISIÓN DE CATALINA EMMERICH

En su libro “La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, Catalina Emmerich relata su visión:

“Cuando los ángeles, con una tremenda explosión, echaron las puertas abajo, se elevó del infierno un mar de imprecaciones, de injurias, de aullidos y de lamentos. Todos los allí condenados tuvieron que reconocer y adorar a Jesús, y éste fue el mayor de sus suplicios.

En el medio del infierno había un abismo de tinieblas al que Lucifer, encadenado, fue arrojado, y negros vapores se extendieron sobre él.

Vi multitudes innumerables de almas de redimidos elevarse desde el purgatorio y el limbo detrás del alma de Jesús, hasta un lugar de delicias debajo de la Jerusalén celestial.

Vi a Nuestro Señor en varios sitios a la vez; santificando y liberando toda la creación; en todas partes los malos espíritus huían delante de Él y se precipitaban en el abismo.

Vi también su alma en diferentes sitios de la tierra.

La vi aparecer en el interior del sepulcro de Adán debajo del Gólgota, en las tumbas de los profetas y con David, a todos ellos revelaba los más profundos misterios y les mostraba cómo en Él se habían cumplido todas las profecías”.

UN SERMÓN ANTIGUO

“Hoy reina un gran silencio en la tierra, un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra tembló y sigue estando, porque Dios se ha dormido en la carne y ha levantado a todos los que han dormido desde que comenzó el mundo.

Se ha ido a buscar a Adán, nuestro primer padre, como a una oveja perdida. Preocupado por el deseo de visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, se ha ido a liberar del dolor a Adán de sus cadenas y a Eva, cautiva con él – Él que es a la vez su Dios y el hijo de Eva.

Yo soy tu Dios, que por amor a vosotros me he convertido en el Hijo.  Te ordeno, tú que duermes, que despiertes. Yo no te he creado para ser a un prisionero en el infierno. Levántate de entre los muertos, porque yo soy la vida de los muertos”.

[De una antigua homilía de Sábado Santo del siglo segundo]

LA ESCRITURA LO ATESTIGUA TAMBIÉN

Pues Cristo quiso morir por el pecado y para llevarnos a Dios, siendo esta la muerte del justo por los injustos. Murió por ser carne, y luego resucitó por el Espíritu. Entonces fue a predicar a los espíritus encarcelados. Pues no sin razón el Evangelio ha sido anunciado a muchos que han muerto. Si bien en cuanto seres humanos han recibido la sentencia de muerte, a través del Espíritu viven para Dios. (1 Pedro 3:18, 1 Pedro 4:6).

EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Considera también la del Catecismo de la bajada de Cristo a los muertos, que resumo y extracto de CIC # 631-635.

“Jesús bajó a las regiones inferiores de la tierra. Este que bajó es el mismo que subió” (Ef 4, 9-10).

El Símbolo de los Apóstoles confiesa en un mismo artículo de fe el descenso de Cristo a los infiernos y su Resurrección de los muertos al tercer día. Porque es en su Pascua donde, desde el fondo de la muerte, Él hace brotar la vida.

Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús “resucitó de entre los muertos” presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos. Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos.

Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador, proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos.

La Escritura llama infiernos, sheol, o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios.

Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el “seno de Abraham.“Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva”.

El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte para “que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan”.

Jesús, “el Príncipe de la vida” aniquiló “mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud“.

En adelante, Cristo resucitado “tiene las llaves de la muerte y del Infierno” y “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos”.
Fuente del artículo: forosdelavirgen.org

Recupera el contacto con tu alma

Cuánto más te ames, menos amor necesitarás. Por lo tanto, al no necesitarlo, no construirás ni sostendrás relaciones conflictivas. Sólo vendrán a tu vida personas de luz y sabiduría, y si no fuera así, se marcharán rápidamente. Al no necesitar amor te expresarás siempre como deseas y seguirás a tu corazón todo el tiempo, ya que no tendrás miedo al rechazo, ni al juicio, ni a la soledad, ni a la carencia o al abandono. Como tu corazón estará lleno de ti, sentirás que el mundo entero es más pequeño.

Sentirás que el mundo está dentro de ti y no tú dentro de él. Todo lo disfrutarás en su justa medida. Saldrás al cine, a cenar, harás deporte y otras actividades, pero nada, absolutamente nada, te dará un placer mayor que cuando cierras los ojos y sientes ese amor en tu corazón; ese amor que te ganaste tras años de sanar y aceptar tus heridas; tras años de permanecer en silencio; tras años de hacer lo que viniste a hacer a este mundo sin distraerte: evolucionar.

De eso se trata el camino espiritual: de no distraerte.
Si te distraes, procura siempre que sea a plena conciencia. Elige la distracción pero nunca permitas distraerte inconscientemente y engañarte con que la felicidad está afuera. Usa al mundo pero no permitas que te use a ti. Disfruta de todo pero no necesites nada. Tienes que lograr vivir de tal manera que puedas prescindir de las personas y de los objetos. Esa será la prueba de que has recuperado el contacto con tu alma.

Fuente: Fernán Makaroff

Las Siete Reglas de Paracelso

paracelso
1º Lo primero es mejorar la salud. Para  ello  hay  que  respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando  bien  los  pulmones,  al  aire  libre  o  asomado a una ventana. Beber diariamente  en  pequeños  sorbos,  dos  litros   de  agua, comer muchas frutas, masticar  los  alimentos  del  modo más perfecto posible, evitar el  alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un  tratamiento.  Bañarte  diariamente,  es  un  hábito  que  debes  a tu propia dignidad.

2º Desterrar absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.
Huir  como  de  la  peste  de  toda  ocasión  de tratar a personas maldicientes, viciosas,  ruines,  murmuradoras,  indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores  por  natural  bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman  la  base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de  importancia  decisiva:  se  trata  de cambiar la espiritual contextura de tu alma.  Es  el  único  medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3º Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna   persona.   Debes   cuidar   tus   propias  energías  y  huir  de  todo sentimentalismo.

4º Hay que olvidar toda ofensa, mas aún: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu  alma  es  un  templo  que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así  de  pronto,  tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5º Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto  fortifica  enérgicamente  el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con  las  buenas  influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos  a  veces  luminosas  ideas,  susceptibles  de  cambiar  toda  una existencia.  Con  el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente  por  una  voz  interior  que  te  guiara  en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6º Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

7º Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana.
Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien.
Jamás te creas solo ni débil, porque  hay  detrás  de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños.
Si elevas  tu  espíritu  no  habrá  mal que pueda tocarte.
El único enemigo a quien debes  temer  es  a  ti  mismo.
El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas  de  todos  los  fracasos,  atraen las malas influencias y con ellas el desastre.

Si  estudias  atentamente  a  las personas de buena suerte, verás que intuitivamente,  observan  gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que  allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el  sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte,  la  riqueza no es sinónimo de dicha; puede ser uno de los factores que a ella  conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la  dicha  más  duradera  solo  se  consigue por otros caminos; allí donde nunca impera  el  antiguo  Satán  de  la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo.  Jamás  te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la  vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo.

ORACIÓN DE PARACELSO

Oh Espíritu Santo, hazme saber aquello que no sé
y enséñame aquello que no sé hacer
y dame aquello que no poseo.
Conserva mis cinco sentidos en los cuales Tú,
Santo Espíritu,
moras y condúceme a la paz divina.
Oh Santo Espíritu, enséñame la manera justa
de vivir con Dios y con mi prójimo. Amén.