Mantra de la unificación

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INVOCACIÓN DEL SANADOR

Los hijos de los hombres son uno y yo soy uno con ellos.
Trato de amar y no odiar;
Trato de servir y no exigir servicio;
Trato de curar y no de herir.

Que el dolor traiga la debida recompensa de luz y amor.
Que el alma controle la forma externa,
La vida y todos los acontecimientos,
Y traigan a la luz el Amor que subyace  en todo cuanto ocurre en ésta época.

Que venga la visión y la percepción interna.
Que el porvenir quede revelado.
Que la unión interna sea demostrada.
Que cesen las divisiones externas.
Que prevalezca el amor.
Que todos los hombres amen.

Yo decido ser feliz

Durante un seminario para matrimonios, le preguntaron a una mujer:
-Te hace feliz tu esposo? ¿Verdaderamente te hace feliz?
En ese momento el esposo levantó ligeramente el cuello en señal de seguridad, sabía que su esposa diría que sí, pues ella jamás se había quejado durante su matrimonio.
Sin embargo la esposa respondió con un rotundo:
– ‘No… no me hace feliz’
Y ante el asombro del esposo,  continuó:
-No me hace feliz… ¡Yo soy feliz!
El que yo sea feliz o no, eso no depende de él, sino de mí.
Yo soy la única persona, de quien depende mi felicidad.
Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de alguna persona, cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra,  yo estaría en serios problemas.
Todo lo que existe en esta vida, cambia continuamente. El ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etcétera. Y así podría decir una lista interminable.
A través de toda mi vida, he aprendido algo; decido ser feliz y lo demás lo llamo ‘experiencias’:
amar,
perdonar,
ayudar,
comprender,
aceptar,
escuchar,
consolar.
Hay gente que dice:
– No puedo ser feliz… porque estoy enferma, porque no tengo dinero, porque hace mucho calor, porque alguien me insultó, porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró…
Pero lo que no sabes es que PUEDES SER FELIZ
aunque… estés enfermo,
aunque…haga calor,
aunque…no tengas dinero,
aunque…alguien te haya insultado,
aunque…alguien no te amó,
o no te haya valorado .
La vida es como andar en bicicleta. Te caes sólo si dejas de pedalear.
Empieza tu día con una sonrisa y no permitas que nada ni nadie la borre de tu rostro.
¡SER FELIZ ES UNA ACTITUD!

Veinte consejos de nuestros ancestros

1. Levántate con el sol para orar. Ora sola(o). Ora frecuentemente. El Gran Espíritu oirá, ciertamente, si le hablas.

2. Sé tolerante con aquellos que han perdido el camino. La ignorancia, la presunción, la ira, los celos y la avaricia (codicia), provienen de un alma perdida. Ora para que ellos encuentren guía.

3. Búscate a ti mismo, por tus propios medios. No permitas que otros hagan tu camino por ti. Es tu senda, y sólo tuya. Otros pueden caminar contigo, pero nadie puede hacer tu camino (o caminar tu senda) por ti.

4. Trata a los huéspedes en tu casa con mucha consideración. Sírveles la mejor comida, dales la mejor cama y trátalos con respeto y honor.

5. No tomes lo que no es tuyo, sea de una persona, una comunidad, de la selva o de una cultura. No fue dado ni ganado. No es tuyo.

6. Respeta todas las cosas que están sobre esta tierra, sean personas o plantas.

7. Honra los pensamientos, deseos y palabras de todas las personas. Nunca los irrumpas, ni te burles de ellos, ni los imites de manera grosera.Permite a cada persona el derecho a su expresión personal.

8. Nunca hables de los demás de mala manera. La energía negativa que pones en el universo se multiplicará cuando retorne a ti.

9. Todas las personas cometen errores. Y todos los errores pueden ser perdonados.

10. Malos pensamientos causan enfermedad a la mente, al cuerpo y al espíritu. Practica el optimismo.

11. La naturaleza no es PARA nosotros. Es PARTE de nosotros. Ella es parte de tu familia del mundo.

12. Los niños son las semillas de nuestro futuro. Siembra amor en sus corazones y riégalos con sabiduría y lecciones de vida. Cuando crezcan, dales espacio para crecer.

13. Evita herir los corazones de los demás. El veneno de su sufrimiento retornará a ti.

14. Sé verdadero (veraz) todo el tiempo. La honestidad es la prueba de la voluntad de uno en este universo.

15. Consérvate balanceado. Tu persona mental, tu persona espiritual, tu persona emocional, y tu persona física: todas tienen la necesidad de ser fuertes, puras y saludables.

Ejercita al cuerpo para fortalecer la mente.

Crece mucho espiritualmente para curar enfermedades emocionales.

16. Haz decisiones conscientes acerca de quién serás y acerca de cómo reaccionarás. Sé responsable de tus propios actos.

17. Respeta la privacidad y el espacio personal de los demás. No toques la propiedad personal de los demás, especialmente los objetos sagrados y los objetos religiosos. Esto está prohibido.

18. Sé verdadero ante ti mismo primero que todo. No puedes nutrir y ayudar a otros si no puedes nutrirte y ayudarte a ti mismo primero.

19. Respeta las creencias religiosas de los demás. No impongas en los demás tus propias creencias.

20. Comparte tu buena fortuna con los demás. Sé caritativo.

El ermitaño y sus animales

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Cuentan de un anacoreta que se había aislado de la vida mundana para vivir en contacto con la naturaleza. En los alrededores se le consideraba santo y mucha gente le visitaba para recibir sus sabios consejos. Gracias a ellos, muchos problemas eran resueltos de la mejor manera.

Pero el ermitaño siempre se quejaba argumentando que le faltaba tiempo para cuidar a sus animales; que debía ser muy precavido con ellos porque de lo contrario podría verse en serias dificultades, y aún en las horas de dormir, estaba alerta para no dejar salir de su encierro a esas bestias.

A quienes eran los más asiduos a visitarle, les llamó la atención el no haber visto nunca en la cueva del asceta animal alguno. Incluso, llegaron a creer que los tendría en un lugar oculto, o bien era tanta su soledad que ya la mente del venerable comenzaba a delirar.

Un día en el que no había visitantes, los amigos del sabio le preguntaron: “Maestro, nos llama la atención lo que hablas sobre el cuidado de tus animales y la verdad, nunca los hemos visto. ¿Podremos conocerlos algún día?”

El viejo, con infinito amor miró a los muchachos y les respondió: “Hijos míos, no crean ustedes que la soledad comienza a mermar mis capacidades mentales. No estoy inventando nada. Sucede que abandoné la civilización porque allá es más difícil convivir con Dios y ahora, en este retiro, he descubierto que tengo en mi interior infinidad de defectos a los que he denominado animales”.

“Tengo 2 halcones que se lanzan sobre todo lo que ven, ya sea malo o bueno” -dijo el viejo-. “Debo enseñarles a que sólo seleccionen las presas buenas. Es fácil que se confundan y si dejo que hagan lo más fácil, se extraviarán inevitablemente. Esos halcones son mis ojos, los cuales deben ver únicamente el lado positivo de las cosas”.

“Poseo 2 águilas que tienen unas garras poderosas y es tal la fuerza que imprimen al cerrarse, que si se lo permito, causarán mucho daño a sus víctimas” -dijo el anacoreta-. “Se trata de mis manos, herramientas que Dios me concedió para ponerlas al servicio de mis semejantes. Con ellas no debo herir a nadie, porque todos son mis hermanos”.

“También lidio con 2 conejos -añadió el santo- inquietos, que quieren ir donde les plazca evitando enfrentar las situaciones difíciles. Se trata de mis pies. Debo dirigirlos hacia esos lugares donde me necesitan los que sufren. Fácil sería para mí evadir mi responsabilidad. Pero mis pies los dirijo hacia el lugar donde están los necesitados”.

“El animal más fiero y con el que tengo una lucha a muerte es una serpiente” -continúo el asceta-. “Es inmensa y posee un veneno letal que puede destruir pueblos en un abrir y cerrar de ojos. Se trata de mi lengua, músculo que me dio Dios para hablar cosas buenas, llevar alivio a los que sufren, dar buenos consejos y saborear mis alimentos. Pero no debo utilizarla para destruir, criticar o burlarme de las acciones de los demás. Todos los días, la mantengo encerrada en su jaula de 32 dientes para que no pueda escupir su veneno y cause calamidades”.

“Lo mismo sucede con un burro, terco y obstinado, que diariamente quiere sacudirse su carga y no quiere andar” -siguió el sabio-. “Se trata de mi cuerpo, inventando 50 mil excusas para no ir a cumplir con la misión que me he echado a cuestas. Inventa cansancio, pone de pretexto el clima, que llueve, hace frío o calor o bien, que no son horas de viajar o recibir gente. Con voluntad lo he estado venciendo”.

“Finalmente, tengo un león el cual cree ser el rey de todo” -prosiguió el anacoreta-. “Se trata de mi corazón. No debo vanagloriarme con las cosas que hago y que suceden a mí alrededor, porque quien permite que sucedan es Dios. Yo sólo soy su más humilde sirviente y por nada del mundo debo dejar que me domine el tonto orgullo”.

Para cuando el viejo había terminado su relato, ya se había juntado un buen número de personas que seguían con interés su enseñanza y cabizbajos, aceptaban las verdades que el santo les había dicho en esa charla. Comprendieron y aceptaron que esos animales que se llevan dentro de cada uno, son la causa de la infelicidad, guerras, miserias y destrucción que asola a la humanidad.

Cada quien se retiró a sus lugares de residencia saboreando cada palabra de esa sabia enseñanza dada por un viejo que vivía en una cueva y su única compañía era la naturaleza. Nadie debe sentirse solo en ninguna circunstancia de la vida, porque quien lleve siempre en su corazón a Dios, jamás se sentirá abandonado y las cosas se solucionarán siempre de la mejor manera.

Gurú o Jesús – Un documental revelador

¿Qué tan inofensivas son las prácticas orientales que desde hace unos dos siglos se han venido promoviendo en el movimiento metafísico de la teosofía, la nueva era y el contactismo extraterrestre (sólo por citar algunos de tales movimientos)?

Muchas personas, después de realizar cierto tipo de técnicas, afirman haber obtenido presuntos poderes psiquicos y paranormales, que supuestamente ponen al servicio de la humanidad.

Pero, ¿qué tipo de poderes psíquicos pueden adquirirse por medio del yoga, la meditación trascendental o la pronunciación de mantras hindúes, por citar sólo unos ejemplos?

Son muchas las capacidades que se pueden despertar. Pero no todo lo que brilla es oro y la peligrosidad de este tipo de prácticas es mucho mayor. Son tan peligrosas, que incluso podemos llegar a poner en peligro nuestras vidas.

El documental que hoy les ofrecemos, “Gurú o Jesús”, es en este sentido profundamente revelador.

En el mismo se ofrece el valioso testimonio de Joseph-Marie Verlinde. Este hombre fue investigador de química nuclear. Luego practicó yoga y meditación trascendental, y llegó a ser discípulo y mano derecha del yogui Maharishi Mahesh, gurú de los Beatles.

En un momento se dio cuenta de la consecuencia última de esto le impedía llegar a amar al otro: algo que Jesús si se lo podía dar.

Regresando de esta profunda experiencia en el Himalaya, y vuelto a su trabajo de investigador, se involucró en las prácticas ocultas. Fue médium y trabajó con “curaciones energéticas”; hasta que se dio cuenta de que las “entidades” espirituales que invocaba eran demonios.

Purificado de estas influencias malignas gracias a la oración, sintió el llamado al sacerdocio. Actualmente es doctor en Filosofía y Teología y prior de la comunidad monástica de la Familia de San José, en Francia.

 

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 75.000 veces en 2015. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 3 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.

Un ciego con una luz

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Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo.

Entonces, le dice: -¿Qué haces Guno, tú que eres ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves!

Y el ciego le responde: – Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi… No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

Este sencillo relato nos sirve para meditar cómo cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno mismo y al mismo tiempo para que sea visto por otros, aunque aparentemente no lo necesitemos.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil. Aunque muchas veces, en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás. ¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento…

Qué hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás, sin fijarnos si lo necesitan o no. Llevar luz y no oscuridad… Si toda la gente encendiera una luz, su Luz Interior, el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad.

Todos pasamos por situaciones difíciles a veces. Todos sentimos el peso del dolor en determinados momentos de nuestras vidas. Todos sufrimos en algunos momentos, lloramos en otros…

Pero no debemos proyectar hacia afuera nuestro dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros. No debemos exclamar, como en tantos otros parece ser costumbre: “La vida es así…”, y quedarnos impasibles; quedarnos insensibles, al tiempo que nos mantenemos llenos de rencor, de cinismo, apatía, odio… y de tantos otros sentimientos negativos…

No, no debemos. Al contrario, sí debemos ayudar a los demás, sembrando esperanza en ese corazón herido. Nuestro propio dolor fue y sin duda es importante, pero se minimiza si ayudamos a otros a soportarlo, si ayudamos a otro a sobrellevarlo.

Aportemos luz a los demás. Regalemos luz. Descubramos nuestra Luz Interior. Porque cada uno de nosotros tenemos en nuestra alma, en el fondo de nuestro corazón y en lo más íntimo de nuestro espíritu, el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer.

Está en nosotros encontrar esa Luz Interior, y mantenerla siempre encendida. Saber usarla en beneficio y ayuda de los demás. Está en nosotros irradiar esa Luz desde nuestro interior, ser nosotros mismos Luz, y no permitir que los demás vivan en tinieblas.