Celos, hipocresía y niños insoportables: qué hacer

Boy pouting

La raíz de los celos, como de todas las emociones, se halla en la infancia que vertebra las pautas de la conducta y de los apegos. Básicamente, porque el niño no es autónomo y para sobrevivir depende de sus padres, especialmente, de su madre, su fuente de nutrición a todo nivel. El niño también experimenta celos por diferentes causas, sobre todo por la aparición inquietante de intrusos, como pueden ser por ejemplo nuevos hermanos, que le quitan protagonismo y pueden obligarle a renunciar a algunos privilegios; o bien ante compañeros de colegio o “amigos” que tienen mejores notas que ellos o que tienen un comportamiento distinto y no les siguen o no les hacen el caso que ellos desearían. El niño celoso es egoísta porque reclama sacrificio y dedicación incondicional, muy por encima del que él está dispuesto a asumir o a corresponder.

En la infancia se configura nuestro marco emocional, se cristalizan las dependencias, los apegos y las primeras seguridades. En cualquier caso, los celos son una emoción básica natural, una reacción de alerta que sólo deviene patológica cuando adquiere una intensidad incontrolable para el individuo que la sufre.

Para que existan celos debe existir un rival, cierto o imaginario, a partir del cual se establece una comparación, una competencia y un temor a ser reemplazado porque no se esté a la altura de la competición.

En resumen, los celos están emparentados con la seguridad personal en la amplia acepción de la expresión.

Quince señales de hipocresía (algunas de ellas aplicables también a los niños)

1- Los hipócritas jamás te dicen las cosas de frente, incluso cuando están contigo te dicen que te quieren.

2- Generalmente son personas muy amargadas, con mucho resentimiento, jamás soportarán que seas mejor en algo.

3- Nunca se alegran de los logros de sus amigos, sin embargo son personas muy carismáticas y pueden dar la imagen de ser amables.

4- Hablan siempre a tus espaldas, y envenenan a otras personas de tu círculo de amigos (o compañeros de escuela).

5- Cuando están contigo, eres lo mejor, “lo más guay”, eres lo que siempre buscaban. Todo son halagos cuando estás con ellos.

6- Un hipócrita jamás dirá que se ha equivocado, fuiste tú.

7- Siempre tratará de hacerte daño, y puede estar tomando un café o un helado contigo, pero dentro de su corazón sólo hay rencor.

8- No acepta que otras personas triunfen, y si lo has hecho “algo hiciste para que fuese así”.

9- Ser amigo de una persona llena de hipocresía sólo te hará mal, porque no logran su paz interior; demasiado rencor tienen en su corazón. (Este punto es particularmente grave e importante cuando se trata de niños entre los 6 y los 12 años de edad).

10- Hipócrita es quien dice amarte y a la primera tormenta se va con otro/a. Los hipócritas son incapaces de amar.

11- Una persona hipócrita difícilmente será una persona tranquila; siempre vive mirando cómo dañar a quienes les rodean.

12- La persona hipócrita siempre está recordándote lo sincera que es. Si una farola no necesita anunciar que da luz, una persona honesta tampoco lo necesita.

13- Los hipócritas se presentan como santos. Si les pillas en una mentira siempre tienen una excusa o historia para explicarlo, aunque sea algo sin sentido… suelen tener bastante imaginación.

14- Los hipócritas son siempre los rápidos a la hora de señalar errores en los demás, y no acostumbran tomar responsabilidad de sus propios errores.

15- Los hipócritas suelen meter mucho ruido. Hacen algo enorme de cualquier cosa, necesitan hablar mucho, constantemente hablando mal de otros y hablando alabanzas de sí mismos y de la persona con la que están en ese momento. Intentan dar una buena impresión por todos los medios posibles, aunque sea atropellando a otros.

 

rabieta-nino testarudoCómo actuar en caso de mal comportamiento

Si se producen estos casos de celos, actitudes hipócritas o ejemplos de mal comportamiento, los padres deben preocuparse ahora que el niño es pequeño (entre 6 y 10 años). Porque han de pensar que en el futuro, dentro de 8 ó 10 años más, si dicho niño continúa por ese mal camino, se transformará en un adolescente o joven intratable.

En muchas ocasiones el mal comportamiento es un grito equivocado de “¡Socorro!”. Puede ser una llamada de atención a la madre para que le conceda tiempo, para que le atienda, aunque sea para reñirle. ¿Qué le puede faltar a su hijo? se preguntará usted. Pues le puede faltar autoestima, autoconfianza, mejora de su capacidad de tener amigos…Y este aumento de autoestima infantil es tarea fundamental de los padres, de la madre en particular.

Puedes intentar modificar su conducta haciendo tres estrategias al mismo tiempo. Una: mejora de la comunicación gestual afectiva. Dos: delimitar claramente los deberes del niño en casa y en el colegio, asegurando premios si cumple y castigos si incumple sus deberes. Tres: Hablar con su profesora en la escuela.

1. ¿Cómo se mejora la comunicación afectiva? ¿Qué puedes hacer? Muchísimo. Mejorar tu comunicación gestual y emocional como primer paso. Tu hijo tiene que entender y apreciar lo mucho que tú le quieres y le admiras. Por ejemplo: dale hoy un abrazo cariñoso, furtivo, rápido, por la espalda, cuando no se lo espera y le dices al tiempo: “¡Cuánto te quiero!”. Y te vas. Si lo hacéis el papá y tú, mucho mejor. Cada uno a un tiempo distinto. Y mañana otro abrazo. Todo muy rápido y muy sentido. El amor es necesario expresarlo, hacerlo entender, y demostrarlo con hechos. Aunque no lo parezca, tu hijo de 7 ú 8 años lo que más necesita son pruebas de afecto y aprobación. Al mismo tiempo que le das un abrazo pasado mañana dile alguna frase positiva: “qué guapo estás”, “qué bien te has peinado hoy”,”qué bien te sienta esa camiseta”… Y pasado multiplica el abrazo por dos. Mañana y tarde. Y las frases cada vez más positivas: “Cuánto me alegra que hayas obtenido buenas notas”… Pregúntale por sus gustos y opiniones: por un programa de televisión, por los resultados de un partido, por las clases: “¿Qué tal hoy con los amigos?” “¿te ha gustado la clase de matemáticas?”, “¿me acompañas de compras?”, “¿qué te apetecería hacer el sábado o el domingo?”….Prueba a hacer este tipo de comunicación durante dos meses, te sorprenderán los resultados.

2. Dile muy claramente lo que él debe hacer. Cuál debe ser su comportamiento. Cuáles sus obligaciones en cuanto al orden de su habitación, el cumplimiento escolar, su forma de responder con todos los miembros de la familia. Y si cumple sus obligaciones tiene premio, y si no, castigo. Marca los límites con claridad. ¿Qué tipo de castigo? Pues lo tienes que hablar con tu hijo. Algunos ejemplos: no hay dinero para chuches, no hay  play o tablet, no te dejo usar el teléfono, no hay TV, no hay salida en una semana. Y los castigos se cumplen y los premios también.

 

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